¿Serán los cultivos transgénicos el origen de la muerte de las abejas en todo el mundo?

El CCD o Síndrome de Colapso de las Colmenas es una catástrofe que viene contagiando silenciosamente a todas las abejas en el mundo y aún nadie sabe qué hacer. Desde que el empresario apicultor norteamericano Dave Hackenberg reportó que, en el otoño de 2006 –cuando fue a hacer una revisión de rutina a 3000 colmenas que había llevado a polinizar extensos campos de palmitos en Florida y las encontró vacías– se ha propagado por el mundo sin remedio. A la fecha en Estados Unidos desapareció el 60% de la población de abejas. En el Estado de Pennsylvania, el más afectado, perdieron el 80% de sus colmenas. También el CCD llegó a Francia y Austria donde mermó el 50%. En España, Alemania, Suiza otro tanto. El verano del 2011 se reportaron los primeros casos de Argentina a COLOSS una organización mundial de los apidólogos y apicultores surgida por esta emergencia.

En Brasil y Colombia se vieron colmenas despobladas en febrero del 2011y está en evaluación si coincide con los síntomas. En Chile, El caso detectado en Futaleufú el mismo año podría caer en esa misma categoría.

Se trata de una novela de misterio sin cadáver. Las abejas se levantan una mañana y vuelan hacia las flores, pero en el camino se desorientan y no pueden regresar a las colmenas. En pocos días los panales quedan vacíos. No hay cura, no hay vacuna.

Se culpa a los nuevos pesticidas basados en la nicotina, a mutantes de alguno de los 24 virus que atacan a las abejas, hongos y bacterias, al uso masivo de antibióticos, a los transgénicos, a las ondas de WiFi y celulares, a las manchas solares, al CO2, a los marcianos… o a todo junto, pero en rigor, nadie tiene una respuesta. Las colmenas se despueblan en todo tipo de lugares y momentos,  quedan vacías como pequeños pueblos fantasmas.

Algunos apicultores de la provincia de Talagante en Chile, si encuentran cadáveres, y comentan que ellas mueren secas y en grandes cantidades, ellos piensan que se debe a que comen de árboles y frutos provenientes de la manipulación genética como son los transgénicos y tienen sospechas de que hay cultivos transgénicos en la zona, por lo mismo han movido sus colmenares hacia los cerros para acercar a sus abejas a plantas silvestres.

“A veces las suelto y solo vuelve la mitad, por los herbicidas, pesticidas y medicamentos que rocían indiscriminadamente”, dice José Arias, un apicultor de Cabildo, en la V Región.

En el banco de mieles de la Universidad Austral de Valdivia, donde analizaron 2500 tipos de miel de distintas zonas geográficas con un potente cromatógrafo, encontraron trazas de 6 antibióticos y hasta 23 pesticidas de todo tipo y, lo más sorprendente: restos del temido DDT, un pesticida usado en los 70 y causante de abortos y malformaciones en niños y que fue prohibido en casi todo el mundo pero que “todavía sigue presente en el suelo y pasa por el ciclo biológico de las plantas una y otra vez en la misma zona”, según dice el entomólogo Miguel Neira quien lleva 30 años dedicado al estudio de las abejas melíferas. Aunque los restos químicos encontrados (algunas partes por billón) no representan riesgo para el hombre, “sí pueden serlo para el pequeño organismo de las abejas y les puede estar causando un efecto acumulativo”

Luisa Ruz cree firmemente que el origen del CCD está en los transgénicos cuya proteína de polen modificó los genes de las abejas melíferas. “Si fuese así, las abejas silvestres, que se alimentan de plantas silvestres se salvarán. Muchos apicultores, sin tener estudios o diplomas creen lo mismo ¿alguien pensó en las abejas cuando se crearon los alimentos transgénicos?

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